Físico solo en la apariencia

Cada día que corro me doy cuenta de que el único físico que tengo es el de la apariencia. Ando desmotivada desde hace un tiempo y aunque oigo decir a los demás que fui capaz de correr 21 kilómetros, aún me pregunto como lo hice y cada día que salgo estoy más convencida de que aquello, más que una realidad, fue un sueño.

Puedo correr de dos maneras diferentes. Una es despreocupada, mirando a los lados, observando a la gente, disfrutando del color que da el sol si corro de día o de los matices de las luces que iluminan el recorrido si lo hago de noche. Cuando corro así el ritmo no es que no sea importante, es que no existe. Me da igual ir más lenta o más rápida. Pero cuando quiero superarme, cuando lo que deseo es hacerlo mejor que en la última jornada de entrenamiento, entonces me preocupa la postura, miro el reloj cada vez que hay que parar en un semáforo o hidratarse en una fuente, siento que mis fuerzas no acompañan a mis ganas y definitivamente acabo decepcionada. Cuando corro así, el disfrute es el que se queda en un segundo plano. Siempre pienso que encontraré un ritmo en el que me sienta bien, donde pueda disfrutar pero al mismo tiempo acabe mirando el resumen de la jornada con la sensación de haber hecho un buen trabajo. Pero ya llevo tiempo en esto y ese momento no termina de llegar. En vez de ir a mejor voy a peor. Sé que es una cuestión de entrenamiento. Cuando preparábamos la media corríamos más días y más distancia, y parecía que todo era posible, de hecho así fue, lo que era imposible se convirtió en realidad, así que ahora, que ya están cerca las primeras carreras de temporada, espero que cambie mi actitud, que podamos dedicar más tiempo a nuestra afición y que mi mente haga bien su trabajo tirando del resto de mi cuerpo.

Pronto llega la del barrio, la José Cano. Tan sólo quedan unos días y ahí estaremos. El año pasado lo pasé genial animando a desconocidos, pero este año dedicaremos la carrera a nuestra compañera y amiga, Rocío. Será su primera carrera e iremos con ella todo el trayecto. Al menos eso espero, porque con su zancada corta pero llena de ilusión y de ganas, suele dejarme atrás.

 

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La liebre y la tortuga

El otro día cambiamos el entrenamiento, abandonamos las rutas a ritmo constante y nos atrevimos con unas series. Tuvimos la gran suerte de poder contar con alguien que sabe de esto y compartimos una tarde lluviosa en una pista de atletismo.

He aprendido varias cosas con este entrenamiento. Una de ellas es que las personas no somos iguales. En principio todos tenemos dos piernas, dos brazos, un corazón, dos pulmones … Pero hoy comprobé que hay poco de cierto en todo esto. Yo sigo el prototipo normal,  pero hay gente q lo incumple completamente. Mi entrenador del otro día corría como si tuviese 6 piernas, respiraba como si llevase cuatro pulmones, pisaba sin talón  y era ligero como el viento. Definitivamente yo soy tortuga, me pesaba el cuerpo como si llevase una casa acuestas y mi zancada era tan corta como seria la del reptil. Sé que no me convertiré nunca en una gran corredora pero lo que si que puedo hacer es ser perseverante y aunque algunas veces, más de las que quisiera, me rindo y acabo el entrenamiento bastante poco satisfecha tengo la intención de ser cabezota con esto e ir superándome aunque sea poco a poco,mientras esa superación llega me limitaré a pasarlo bien  con todo esto.

Cuando Sergio empezó a explicarnos lo que íbamos a hacer me costaba entenderlo, era como escuchar chino mandarín. La medida de tiempo y distancia habitual en la que me muevo cambiaba y eso me descolocaba. ¡Menuda osadía meterme en entrenamientos profesionales! sobre todo porque mi ritmo es lento y las series deberían venir más tarde, cuando el ritmo fuese algo más rápido. Pero no avanzo, me he quedado estancada y me gustaría poder aumentar algo la velocidad.

A partir de ahora y durante el invierno, llegaran carreras que se repetirán de años anteriores, y es imposible no pensar en el tiempo en el que las hicimos y no pretender superarme a mi misma.  De todas formas, no se trata sólo de ganar velocidad, eso espero que sea el resultado final, sino de cambiar la forma de entrenar y hacer algún día algo diferente.

Compaginar series, farlek o cuestas puede hacer el entrenamiento mas ameno y romper con la rutina. La verdad es que me ha encantado lo que hemos hecho. Muchos consejos por parte de mi “personal trainer” del día. Zancada larga, apoyar menos el talón, intentar respirar mejor … parece fácil, pero no lo es. Ya seguir el ritmo suponía lanzar la zancada más allá de lo habitual para mí y, aunque al principio empecé con muchas ganas y con mucha motivación, a medida que pasaba el tiempo me creía morir y acabar los cien o doscientos metros parecía la tarea mas complicada del mundo. El ritmo era una locura, correr al lado de  Sergio sin perderle la pisada no era fácil y al momento comprendí que el entrenamiento seria duro . Poca distancia de carrera  rápida, mínimo descanso entre serie y serie y vuelta a empezar, con el corazón acelerado aún y las piernas cargándose en cada vuelta.

Sé que la intención de mi entrenador del día  era hacer algo más de lo que hicimos y que esperaba que mi capacidad fuese mayor de la que pudo comprobar después. Pero tras 3 series de 200 metros y 3 de 400 se dio por satisfecho, más ya no podía sacar.  Ahora sí entiendo lo del ejercicio aeróbico  y anaeróbico y he comprendido que la combinación  es perfecta para seguir avanzando y  aunque uno de los consejos del día  fuese mirar por la red algún plan de entrenamiento antes de lanzarme a las series, creo que la experiencia nos ha gustado tanto como para intentar repetirla cada cuanto.

Well, I have to thank  the colaboration of Sergio. He was my teacher last  day and I am very happy for that. I hope to count with you again. Than you very much

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Otra vez!!!!

Pues si, otra vez al suelo. ¡Menudo tortazo me he dado! No sé qué tiene ese tramo pero los tres hemos tropezado en el mismo sitio.Unos con mejor suerte que otros. El caso es que ocurrió al principio del entrenamiento y lo más inmediato fue pensar que me iba a casa a lavarme la herida, pero decidimos seguir hasta la fuente mas cercana y… ¡sorpresa! ¿Se puede saber a cuanto está el precio del cobre? porque no es muy normal que cada poco desaparezcan los caños de las fuentes que encontramos a lo largo del carril bici. Así que decidimos seguir y hacer el recorrido que ya teníamos pensado. El dolor no era problema, la herida no parecía que necesitase una cura urgente, tan solo era un rasguño algo feo, pero nada más. A mitad de camino encontraríamos otra fuente y confiaba en poder tener más suerte y poder encontrar agua allí. Sé que mis dos compañeros esperaban que escribiese algo relacionado con este accidental episodio y he de agradecer que los dos fuesen delante y ninguno viese la forma tan cómica con la que debí llegar al suelo, porque conociendo a esta pareja, estoy segura de que no me habría librado de alguna carcajada espontanea antes de poder levantarme y adquirir una postura lo mas decente posible dadas las circunstancias.

Mira que me digo a mi misma a veces que tengo que cambiar mis zancadas, hacerlas más amplias y levantar más los pies del suelo, pero es tremendamente complicado. Si te fijas en la gente que corre, te das cuenta que cada uno lleva su propio estilo. Hay gente con pasos largos y bien definidos que da envidia ver, pero hay otros con zancada corta, otros que parece que no corren pero avanzan a un ritmo que no puedes creer, otros que llevan los brazos pegados al cuerpo, dicen que para gustos los colores, yo digo que para variantes del running, el carril. Así que ya no lucho mucho por subir los pies del asfalto. Lo mismo es que mi estilo es mi estilo y no debo hacer nada por cambiarlo. Lo que está claro es que esta forma de correr tan mía me llevará a chocarme con cualquier piedra del camino y terminar de bruces en el suelo, y ya van dos.

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Hello !!!

Primera clase de inglés del nuevo curso. ¿Que qué tiene que ver esto con el running? absolutamente nada, excepto que robé el anglicismo para usarlo en mi nombre de bloguera, quizá más por moda que por otra cosa. Sonaba bien, como de profesional en la materia. ¡Ya ves, una principiante con nombre de corredora internacional!. El caso es que ya le di vueltas el año anterior y no lo llevé a cabo, y este año no me quedo con las ganas, cada entrada en el blog me arriesgaré a escribir una palabra, una frase, o todo un párrafo en inglés, aunque sé menos de inglés que de correr, que ya es decir.

De mis últimos entrenamientos destacar el aguacero tremendo que nos cayó el otro día cuando volvíamos. Comenzamos a correr con un cielo amenazador que daba miedo y, evidentemente, no nos libramos del chaparrón. Una pena no llevar el móvil a mano para poder haber tirado de imagen fotográfica,  era increíble como se podía predecir la que iba a caer. Llegamos a casa calados y eso que a mitad de camino y cuando mas llovía, paramos a refugiarnos bajo un árbol que no tardó en empaparse y dejar de ser el mejor refugio. Después de ese día otra vez calor, no es que haya hecho frío, ni mucho menos, pero la lluvia parecía que vaticinaba un cambio en el tiempo y en cambio volvemos a días de pantalón corto, aunque la temperatura ahora nos da margen para salir a cualquier hora, sin tener que buscar la noche para hacerlo. Ahora ya es habitual que seamos tres. y aunque parezca complicado, conseguimos ponernos de acuerdo para salir cada vez con más frecuencia y aumentamos días de salida, perfecto para lo que viene, porque últimamente, no paran de entrar e-mails con las carreras que ya se empiezan a cocer para este otoño-invierno y no vendrá mal estar preparados por si decidimos inscribirnos en alguna. Quizá la más próxima en nuestras expectativas sea la del barrio, para el mes de Noviembre. Me encantaría contar con la presencia de Rocío para realizarla, aunque ella llegue varios minutos antes que yo. ¡Menudo ritmo lleva, es toda una máquina!

Terminé mi última lectura. Esta vez probé con literatura relacionada de algún modo con el deporte que nos ocupa y la experiencia a hecho que empiece a trabajar para crear una pestañita con recomendaciones de libros que pueden interesar. Jose, ¡a currar!.  Adelanto que no serán libros para expertos en correr, sino lectura fresquita, fácil y para pasarlo bien.

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El libro del que os hablo se titula “En zapatillas a los 40”.Lo recomiendo. Se lee en un rato, pocas paginas, muchos consejitos para los que empiezan en esto y algún chascarrillo para que se nos dibuje una sonrisa a medida que leemos. Lo escriben entre dos escritores, cada uno tiene una forma de vivir y sentir el running. Tuve oportunidad de hablar con el editor, dudaba entre este y otro libro y, finalmente, me convenció para que empezase por este sin tenerlo que echar a cara o cruz.

Bueno, me voy cambiando que hoy hay quedada ranera.

It is a wonderful day for running today. So, beginning.

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Vuelta al cole

¿Como se escribia en un blog? ¡madre mia, cuanto tiempo sin pasearme por aqui! Pero estamos ya con la vuelta al cole y hay que retomar buenas costumbres. No he parado de correr aunque, evidentemente,no ha sido con la asiduidad propia del invierno.

Hoy hemos salido a correr luchando contra la pereza y yendo a contracorriente de lo que seria lo mas cabal. El pais esta en alerta por calor, las temperaturas se han disparado para despedir el verano y es de locos salir a la calle y más aún intentar hacer algo de deporte con la que está cayendo. Con todo y con eso nos poníamos zapatillas y, tras un tituveo de empezar o no, finalmente decidimos que ya que estábamos en la calle había que hacer algo, aunque fuese corto y a un ritmo lento.

Y es que, aunque el sol ponía difícil correr en Buendia y la humedad lo hacía también complicado en Algeciras, lo de hoy era algo demente.

Con la llegada del mes de Septiembre, aunque parezca aún Agosto en la capital, llegan los horarios ajustados y los cambalaches para encontrar un momento, las tareas propias del día a día y las preocupaciones de un año lectivo que empieza y promete ser duro. Porque, aunque no estoy matriculada en nada y mi vida de estudiante acabó hace mucho, sigo sufriendo los exámenes trimestrales, los controles sorpresa, los nervios por las notas y la decepción por los suspensos. Mi trabajo ahora consiste en inculcar en mis hijos la fuerza de la constancia, la tranquilidad de llevar los temas bien preparados y  la responsabilidad de estar labrando un buen futuro. Esos eran mis pensamientos en la carrera de hoy. A ver si conseguimos la meta.

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Recuerdos de un pueblo

 

 

RECUERDOS DE UN PUEBLO

 

Aquella tarde esperó hasta que los rayos del sol dejasen de calentar desde lo alto. El mes de Julio quería despedirse con el calor típico de la Mancha y apenas se podía dar un paso sin notar el aire cálido que se colaba por la ventana y que amenazaba a quien quisiese salir. Se calzó sus zapatillas nuevas y aún con pereza, empezó a correr.

Era el primer día de sus vacaciones y quería dar un trote lento, e ir aclimatándose al terreno, tan distinto al asfalto de las calles de la ciudad.

Decidió comenzar por un trayecto corto camino de la Cespera y, con el sonido aún del llanto de Azahara que reclamaba acompañarla en la carrera, empezó a avanzar.

Corría sola, como siempre en el pueblo. Sabía que la moda también había llegado hasta allí, pero no encontraba acompañante alguno con quien disfrutar de su último hobby.

A medida que se alejaba de las casas, comenzó a escuchar el sonido del campo, los pájaros, que a su paso aleteaban alzando el vuelo por encima de los matorrales a los lados del camino, las chicharras, que afilaban sus alas anticipándose al atardecer que ya se acercaba o el sonido del escaso viento aún caliente que se internaba entre las ramas de los árboles.

Sus ojos surcaron el horizonte, atrás dejaba la sierra de Enmedio y delante de sus ojos se presentaba el dorado de los campos recién segados.

Fue entonces cuando empezó a recordar otros tiempos, cuando el pueblo olía aún a los corrales de las ovejas que abundaban por las calles, al pan recién hecho y a la leña que calentaba los hogares. Cuando se buscaban las orillas del pantano para refrescarse en los meses de calor y el sonido de un acordeón amenizaba las noches de verano.

A medida que se acercaba a la orilla del pantano venían a su mente imágenes dispersas que iban tomando forma a medida que sus pasos se aceleraban y su ritmo se volvía cada vez más acompasado. Había oído hablar de la plenitud de aquel pantano, que ahora, se veía a lo lejos mermado, alejado de los árboles tanto, que daba pena asomarse para ver su azul a lo lejos.

Había disfrutado de sus aguas, aprendiendo a nadar cuando apenas era una niña y enseñando a otros que vinieron después. Recordó a su padre, enamorado de aquel lugar desde el primer día que llego hasta allí atraído por el amor de una hija del pueblo de Garcinarro y adoptada por las gentes de Buendía, donde siempre se sintió acogida, sintiéndose más hija de este pueblo que del suyo propio. Recordó a sus primos, aquellos que crecieron sin avisar y con los que pasaba los días de verano año tras año.

A su mente llegaban las tardes rebuscando en las cámaras de la Mari Carmen, porque así se les llama a las gentes de este pueblo, la, el y que nadie cambie el articulo porque entonces ya no son los de aquí, esas cámaras llenas de otro tiempo aún anterior.

Y aquellas Semanas Santas de aquellos años, el frío que ahora ya no huele como antes. Los Judas que se agolpaban para ser quemados en la hoguera, esa hoguera en la que todos colaboraban. Cuando el fuego salía de las vigas de madera con las que se hacían las casas y que ya escasean en este tiempo. Recordó aquella tarde buscando ropa vieja, cosiendo cada harapo para llevarlo a la noche como una más del pueblo. Ese pueblo del que siempre se sintió parte. Porque aunque nacida en Madrid, ella siempre hablaba de su pueblo, al que añoraba en invierno y disfrutaba en verano. El destino de sus vacaciones, donde montaban en bicis sin frenos y sin casco y donde las heridas no dolían sino que enseñaban a ir con más cuidado.

Y recordando llegó a la mitad de su recorrido. Ahora tocaba volver tras sus pasos, pero su cabeza aún seguía dando vueltas. Los girasoles del camino ya no miraban el sol, escondían sus pipas de sus rayos, cansados ya de ser calentados.

Al margen del camino se escuchaban sonidos distintos de los que día a día la acompañaban en su rutina diaria, y sintió de nuevo el miedo que de niña sentía al volver del coso tras la “prueba” en jornada de fiestas, cuando creía que en cualquier momento, uno de los toros podría escaparse de su destartalado toril. No era cómoda aquella plaza, hecha por el pueblo y para el pueblo, en la que todos cabían aunque fueran muchos, en la que todos cuidaban de todos. A esa plaza iba el pueblo tras la noche de fiesta en el Sitio, después de rezar a su virgen, la de Los Desamparados, después de pasar la noche bailando al pie del castaño, al que se llegaba caminando porque no podía ser de otra forma. Cuando la romería era más dura y más ardua pero más sentida y más sufrida.

Y es que, recordando, se daba cuenta que aunque nada parecía cambiar, todo cambiaba.

Cerca estaban ya los tejados de las primeras viviendas y a sus ojos asomaron las lagrimas, lagrimas que caían sin ser llamadas, lagrimas por cada momento recordado. En sus labios una sonrisa por haber podido disfrutar de cada uno de esos momentos y en sus ojos el sentimiento de querer volver para atrás, de dejar de echar de menos a muchos.

¡Cuántas vivencias! ¡Cuántos sentimientos encontrados! la alegría de aquellos días, la tristeza de otros.

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Al otro lado

Hoy el entrenamiento ha sido muy tranquilo. Hemos corrido cómodos, el ritmo no ha sido importante desde el principio y he disfrutado mucho de la carrera. Dio tiempo a mirar a la gente pasear, que a esas horas empiezan a salir, aprovechando que el sol se va escondiendo y que el ambiente es más respirable.

No puedo evitar recordar, al paso por el parque, a aquellos que me acompañaron en mi adolescencia, aquellos amigos que uno nunca olvida aunque pasen cientos de años. Es a ellos a quién dedico hoy mi entrada en el blog, a esos con los que compartí mas de una aventura, mas de un secreto, mas de una experiencia. Aquellos a los que quise de una manera especial, protectora por las circunstancias que vivieron.

¡Que alegría no veros a ninguno entre los que quedan en los bancos! esos que siguen encallados en un tiempo y que no consiguen avanzar, pensando que la felicidad viene envuelta en papel de plata.

¡Que pena no veros al otro lado! gastando unas zapatillas corriendo, paseando al perro, compartiendo con vuestros hijos una pelota o simplemente riendo rodeados de gente sana y feliz. Siempre pensé que estuve muy cerca, mirando las aguas en las que os sumergíais desde la orilla, y consiguiendo mojarme sólo los pies. No fui mejor, ni peor que vosotros, sólo encontré otro camino y me alejé.  Me acuerdo mucho de todos y cada uno, Pedro, Toñete, El Trili, Tomas, David y muchos mas. Nada sé de ninguno desde hace mucho, pero seguiré mirando al paso por el Paraíso, esperando no veros en el lado equivocado.

Mis amigos

 

 

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